20 agosto 2007

A seguir conviviendo

Nuevas sensaciones, pedido el deseo en medio del puentecito, frente a la cascada del arroyo, todo se ha vuelto hoy distinto. Para hacer una comparación, diría que acabo de ver una película muy buena y que al salir del cine todo parece diferente, incluida la propia gente.

Era mi sana intención contactar con los amigos y concertar una nueva manera de hacer, en eso había quedado, pero algo debió pasar porque no me ha dado la gana en todo el maldito día. A ver si el resto de la jornada me apetece, o tendrá que ser mañana.

Llamadas no han faltado, eso es cierto, pero no se ha producido la llamada. Cuando me acostumbre, me parecerá incluso divertido, mientras tanto a disimular leyendo, casi sin concentración por la rabia contenida.

Manolito que me la ha jugado en mis mini vacaciones, quiere ahora salir a divertirse y ponerse ciego de fiesta; debe pensar el insensato que después de la que me ha liado, estoy yo para sacarlo de verbena. Insiste en que, no volverá a ocurrir, que si le doy una oportunidad nunca olvidaré su mucha marcha, que la culpa no fue del todo suya, que había mucho sentimiento estúpido por medio y que no conseguía concentrar su lascivia habitual, porque tanto carameleo le producía lasitud.

No puedo perdonarte, Manolito. El medio de transmisión de mi efluvio, de mis sinceros deseos, de todo lo que ha quedado por hacerse y decirse, eras tú y no has estado. Condenado estoy a tenerte, y ello puede ser mientras no recurra a otras salidas, incluso de negocio, como la de un fulminante traslado a Italia, allí podrán encontrarte un buen destino, hasta podrías irte con un Jeque, ¿por qué no?, como te vas a poner en el harén, ¡eh!. Bromas a parte, el vacío que me ha producido tu actitud negada y pasiva me causó daño.

Justo mientras escribía, se ha producido la llamada. Es increíble el efecto producido, ni Manolito ni Perico de los Palotes con su tambor incluido.

Ayer, la Iglesia cerrada a cal y canto, el espolón de la plaza mayor estaba lleno de gente, las calles poco concurridas. En el camino interior de la casa de Curros tres gatitos, alteraron su siesta con nuestra presencia, y desenredaron sus cuerpos cruzados. Frente a la alameda y la antigua academia, Don Manuel igual que siempre, por él no pasan los años, erguido con mirada en alto, parece como que en nada le afectó la maldición de la manceba del cura:

"¡Que inda te mirres cal coiro no lume! - ¡Ojalá te arrugues como el cuero en la lumbre!
¡Que inda reventes como unha boleca! - ¡Ojalá revientes como una castaña!
¡Vólvase sénica o pan na tua boca! - ¡Conviértase en veneno el pan en tu boca!
¡Tóllate Dios, condanado poeta!... - ¡Túllate Dios condenado poeta!...
"

Malo el jamón, mejor los buñuelos y los pimientos.

Lo dicho, mañana a poner más gente en mi vida y, ¡como no!, a seguir conviviendo.

Baldo
12. RGPI 03/2010/530

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