28 agosto 2007

Eran la luna llena y la mar

Por momentos hubiera estado bien que todo se parase; que de repente se les concediera una suspensión de todo salvo de ellos mismos para así, recorrer lo por vivir separándose y comprobar lo necesario, haciendo posible su vuelta con todo acontecido.

Parecía un sueño, porque a uno no le ocurren esas cosas, nadie encuentra a su mitad, su reversible, pero todo fue verdad, ¡ha sido cierto!. Y lo que buscan, aquel algo, puede estar justo en el jamás, allá donde no se llega. No es tiempo, tampoco espacio. Podría ser su propio encuentro, la conjunción de ambos, sus propias dudas, su luz, ellos mismos.

El adiós es un soñar sin despertar nunca, alargarlo es como seguir viviendo parando la vida porque quieren seguir soñando. Vivirse es despertar, estar despiertos y saber que cerca o lejos el otro te estará viviendo

Entre sombras por la arena ¡no diciendo!, sin hablar, calladamente. En la mirada recibiéndose, en una permanente llegada, ¡hola siempre! porque un adiós es imposible.

La una miraba escuchado, la otra jugaba riendo. Eran la luna llena y la mar.

Baldo
17. RGPI 03/2010/530

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