30 agosto 2007

¡Se tenía por cateta, pero era una mujer!

Era de una aldea, ella se tenía por una cateta, decía que por muchos años que hubiera pasado en una ciudad, jamás cambiaría su modo de ver la vida, que no conseguía pulir sus modales, evitar ponerse colorada al pasar por una congregación de personas, no encontrar la palabra adecuada en un momento concreto.

En una ocasión, acudió a una conferencia en un salón de actos bastante concurrido y amplio, finalizadas las disertaciones se abrió un debate y cual fue la casualidad que en un momento dado, uno de los conferenciantes le señaló a ella y le preguntó: señora, ¿usted que opina de la actual situación de las mujeres trabajadoras que compatibilizan con sus tareas del hogar?; creía que me había muerto, dijo, no era capaz de articular palabra, el cuello se me puso rígido y a punto estuve de llorar, al verme observada por todo el auditorio, sí, porque todos me miraban; y ¿qué les contestaste?, pregunté, les dije -continuó- que estaba muy nerviosa; que de donde yo venía, una muy remota aldea, las mujeres siempre habían compatibilizado el trabajo y las tareas domésticas, que a la escuela iban todos muy justito, menos aún las mujeres; que podría contarles tantas cosas, pero estoy atemorizada ante todos ustedes, se me nublan hasta los pensamientos...

Cada año que pasa, y ya han pasado muchos, es más hermosa; cada día le sienta mejor su timidez y esa sencillez y frescura que ella dice, le hacen ser una cateta. Sí, precisamente esa dificultad para adaptarse a algo diferente es la esencia de su belleza, su firmeza en continuar siendo lo que es, siempre. Una mujer.

La mariposa entró a traer algo; intenté por todos los medios ayudarla a irse y con mi torpeza me temo, que la pude causar daño, el mayor de los daños que a alguien se puede inferir; la he buscado y no la encuentro, tampoco la he visto salir... a saber que quería decir.

Su humildad y su dulzura desbordan. No se trata solamente de quejarse, de estar a los demás con lo que a uno le acontece, dice siempre, se trata de que cuando tenemos un problema y hay a quién recurrir, debemos hacerlo y hablar, el simple hecho de tener quién nos escuche, de tener a quien escuchar, es la solución de la mitad de tal problema, lo demás se hace juntos. Cuando nadie llama, está ella. Puntualmente preocupada de todo y de todos, dispuesta siempre... Hoy también llamará.

¡Se tenía por cateta, pero era una mujer!

Baldo
19. RGPI 03/2010/530

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