31 agosto 2007

¿Por qué ha de doler tanto, siempre, una y otra vez?

La mariposa se dejó ver causándole mucha alegría. Ella le devolvió su libertad.

Cosas de la vida, falló la mensajera pero más tarde de manera ingeniosa ella misma, la libertadora, le hizo saber la realidad, ¿por qué no lo habrá hecho de frente, cara a cara?.

Ha pasado sólo un mes y al ser esencia, ha durado lo justo para prender la llama que estará encendida para siempre. Para siempre en sus pupilas, su corazón, los pensamientos, la ilusión. Ahora si, él es verdaderamente dueño de este amor que nadie puede arrebatarle, siquiera ella, porque es suyo, verla o no verla dará igual, se quede o se vaya. Podrá mirarse en ella, tenerla en su ausencia.

La confusión le ciega, el deseo de no perder el sentimiento, le da coraje para blindar su abstracto amor. Ni la piel, ni la mirada, ni el olor, ni el sonido de su voz importan ya; solamente el recuerdo. La fuerza con la que le amó aunque ella no supiera verlo, es la que permitirá que la ilusión permanezca para siempre inalterada.

Ayer hablé de ti, conté que te tenías por cateta y que resultaste ser mujer. Te contaré, cuando me llames, los sueños que he vivido en este mágico mes, para que tú allá en donde estés me lo interpretes y me digas ¿por qué ha sido todo así?, ¿por qué ha de doler tanto, siempre, una y otra vez?

Baldo
20. RGPI 03/2010/530

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