02 septiembre 2007

Qu´anochecer más güeno!

Nunca te acostarás sin saber algo más. Ahí mismo en la parte de atrás, estaba ese remanso de paz, se veía el puente de este lado y en aquella otra ladera a lo lejos, encima mismo de una de las luces intermitentes, el lugar, aquel lugar donde todo comenzó.

El agua iba tomando brillos, pinceladas de anochecer que producían destellos, sí, reflejos a la manera del poema que más tarde, con su propio acento, leyó y encandiló más aún a su oyente, como si con el encantamiento no fuera suficiente. Bien suena el poema en su dialecto:

Bandás de gorriatos montesinos
volaban, chirriando por el cielo,
y volaban p´al sol qu´en los canchales
daba relumbres d´espejuelos

Los grillos y las ranas
cantaban a lo lejos,
y cantaban tamién los colorines
sobre las jaras y los brezos,
y roändo, roändo, de las sierras
llegaba el dolondón de los cencerros

Qué tarde más bonita!
Qu´anochecer más güeno!
¡Qué tarde más alegre
si juéramos contentos!
... (extracto poema" la nacencia" de Luis Chamizo)

Y la noche fue cayendo, y en ellos se instaló un actuar sereno y apacible. Alcachofas, albóndigas y arroz blanco, acompañados de buena música y una vela ardiendo.

Baldo
21. RGPI 03/2010/530


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