03 septiembre 2007

Nada es del otro

(Foto Islas de Toralla y Cies en Vigo)

Y tú le dices, que malvive por querer vivir a su manera;
Y él asiente.
Y le comentas, que esta mejor inmerso en su propio mundo que pendiente de lo de afuera;
Y él duda.
Y reafirmas, que vea la vida de otra manera;
Y se confunde.
Y se pregunta, por qué, ¿qué hacer para cambiar el ritmo de aquello que le altera, o de lo que realmente le interesa y no le llega?, ¿cómo permitirse el lujo de alcanzar lo que desea?.

¿Y la libertad?

La música, le lleva, le trae, le mantiene arriba, le sosiega... pero el amor, le cambia, le fulmina.
La amistad le ayuda, le despierta, le aligera... pero la risa le libera.
La sonrisa y la mirada tuyas, sosiegan, cambian, fulminan, ayudan, traen, despiertan... pero no liberan, afianzan el amor de forma tal que pierde su existencia.

¡Ahora, habrá de ser el momento de encontrar una manera!

Cuando pasean y comparten un espacio, están juntos allí en aquel instante y, así también, más tarde en la ausencia. Porque lo vivido permanece, ¿será por tanto ese el camino?, ¿conservar siempre lo vivido para que nada muera?. Aun compartiendo aquel espacio, aun en la presencia, se ausentan por momentos cada uno, a su yo y en lo suyo, para saciar su vida autónoma viviendo su propia libertad inalterable, porque nada es del otro.

Dice que el sol ha bañado su pubis y su cuerpo se sintió agradecido. También que le acarició el agua de manera atrevida y que la inundó de pensamientos. Durmió en la arena y sus sueños la llevaron a la otra orilla. Sintió otro vientre junto al suyo y recordó la humedad de la mar, las caricias, el olor, la voz, la fatiga. Naufragó y perdió el sentido, resurgiendo en un cansancio plácido y tranquilo, exhalando un suspiro y detrás una sonrisa.

Falló la paella y la marea alta ocultó la arena pedregosa.

Baldo
22.  RGPI 03/2010/530

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