04 septiembre 2007

¡Y en un momento, la unión!

A veces, hay personas que saben como se vive. Y cuando uno da con aquella, con la hechicera que posee detalles asombrosamente atractivos, sentido del humor, humildad, inteligencia, profundidad, desinterés, grandeza, cultura, belleza, dulzura, y cada día más, cada momento algo más. Cuando uno con ella tropieza, ¡la cosa se pone seria!

Si de pronto ibas, pero estás de vuelta. Si has empezado, pero acabaste. Si entiendes, pero no sabes nada. Si empieza eso a ocurrirte, tú la has encontrado. La tienes a tu lado, ahora mismo tu vida ha cambiado, el mundo es diferente.

Imagínate que una tarde te llaman para dar un paseito, aceptas y en escasos minutos te encuentras en un parque cualquiera, en el que ya has estado. Todo parece normal hasta que, la conversación, el paso, los árboles, el agua, la luz, las sombras, las pautas... se vuelven diferentes, no son como siempre han sido. Tu ánimo se altera, sientes sensación de calma y no hay prisa. Te invade la sensación de un sueño pero no el tuyo, es como estar en el mismo borde del sueño suyo.

Piensa que te acuestas con el deseo de su beso y por la mañana te despiertas con el desayuno en la puerta, a manos de la camarera que has soñado. Que en la bandeja junto al café y el croissant, trae sensualidad, excitación, ternura, pasión, esperanza, viene toda ella entera de los pies a la cabeza. La besas y te besa, ambos besáis los besos por fuera, por dentro. Los cuerpos se encuentran en un estremecido deseo que pasa de un lado al otro, en un apretado abrazo piel con piel, agua y sal y en vuestros pensamientos transitan el ayer, hoy, mañana. ¡Todo está pasando!

Y la luz del sol penetra. Se acaba el sexo y surge el amor que estalla de dentro afuera, de afuera adentro.

¡Y en un momento, la unión!

Baldo
23. RGPI 03/2010/530

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