10 septiembre 2007

¡En un mundo fueron dos, ahora son dos los mundos!

Eran dos en un mundo, ella y él. Ahora, ella en su mundo y él en el suyo. Sólo uno en cada mundo.

Edina, es una mujer en todo el contenido de la palabra, bella, simpática, honesta, solidaria, espontánea, muchas cosas en esencia. Blaín, es bohemio, sincero y claro.

Ambos crearon, en un pis pas, un mundo propio en el que encajaron a la perfección. Como todo en la vida, antes de empezar algo nuevo, cada uno tenía sus propias cositas. Así, Edina traía algunas poquitas, de cierta importancia que no le dejaban moverse con soltura, si bien a Blaín no le importó y trató de acomodarse pendiente únicamente del nuevo planeta que mágicamente los dos estaban creando y al mismo tiempo, también él tenía las suyas propias, incluidas sus manías de raro solitario. Maravillosamente, momento a momento, día a día forjaron una convivencia y llenaron sus vidas de paz, ilusión, respeto, confianza, admiración y mucho amor. Los actos cotidianos, las cosas más elementales cobraron otro matiz para aquellos dos seres compatibles casi hasta en el pensamiento, personas nacidas para compartir.

Lo creado por esta pareja, ha sido muy especial, tanto que cuesta creer que haya sido real. Si bien, al desembalar las cositas que se habían traído, aparecían circunstancias que por el bien de Edina, obligaban a Blaín a mantenerse al margen, oculto y en disimulo.

Una mañana, un simple y discreto mensaje telefónico, hizo sentirse a Blaín nuevamente como un esquinado, como si algo estuviera haciendo mal. Pensó que jamás conseguiría encontrar una manera de ser él mismo en aquel planeta único, entendió que no podía pedir a Edina cambiase las cosas por él, supo que la mágica burbuja corría el riesgo de perderse para siempre y decidió marchar, dejar aquel planeta para ella, rodeada de los más bellos recuerdos, surtida de todas sus caricias, amada hasta el cansancio.

Esa mañana y todo el día, Blaín apresuradamente creó otro planeta para si, no tan bello pero provisto de la memoria del encuentro y de lo vivido; abastecido con los deseos y las ilusiones de lo por vivir con Edina.

Blaín, buscó la libertad de amar a Edina, sin disimulos ni marginación. Encontró la grandeza de sentirse dueño de su vida, para seguir amándola sin directrices, apartado pero libre.

¡En un mundo fueron dos, ahora son dos los mundos! Ellos, cada uno en el suyo.

Baldo
30. RGPI 03/2010/530

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