27 septiembre 2007

¿Tú que dices Mauro?

Como una bocanada de aire puro, puede resultar a veces un simple gesto.

Levantarse muy temprano y tener la sensación de que ya no está uno con su soledad, sino que ya no está, algo así como si desde afuera de uno mismo, estuviera observando en una posición superior lo que abajo pasa. La luna estos días está llena y puede resultar peligrosa, ya sea a favor o en contra.

Mauro despertó por los runrunes de voces en el pasillo, a medida que recuperaba el control, se iban haciendo más claras las palabras:

-Esta desgraciada, salió de casa a las siete pensando que yo dormía, una vez hubo salido abrí despacito y la seguí, decía el vecino del segundo B, Josechu. Se metió en la puerta de al lado, justo en la letra A. Tardé un rato en reaccionar, ¿a dónde va la loca ésta? me dije. Esperé por si había quedado con la vecina pero, cual fue mi sorpresa cuando en unos momentos lo que oía eran gemidos de placer desesperados. Era mi mujer a toda mecha enganchada a ese cabrón, ¡déjenmelo que lo mato!

Liza, la esposa de Josechu que, avergonzada deseaba morirse, medio vestida y llorando, pedía:

-Por Dios que alguien le sujete, que nos va a matar. Yo no sé que ha pasado... bueno si, lo sé pero es que... mira Josechu tú eres un cabrón y este señor no tiene culpa de nada. No podía más, cornudo, te odio...

Lo dicho, la luna llena trae a la gente loca.

Vivir en la calle además de ser una desgracia para quién lo sufre, lo es también para todos los ciudadanos. Desgracia es que a unos vecinos, ciudadanos en su puro concepto constitucional de la palabra, se les pretenda poner en la calle por derribo de su casita, en ejecución de sentencia, por irregularidades en su vivienda y, en contraposición otras irregularidades de gran calado estén a la espera de ser ejecutadas o, in vigilando, de poder ampararse en una posible compensación en base a una futura regularización venida del Plan General Urbano. Desgracia o gran desgracia, será para todos que esto suceda...

Cuando ella está, todo es diferente. Pero es evidente que ya no quiere estar... o cuando menos es lo que quiere aparentar.

A veces, se pueden ver las cosas desde arriba, no con superioridad sino con más amplitud. Si de pronto estamos confundidos sin saber a que lado coger, nada mejor que salirse de uno mismo y ver las cosas justamente desde fuera...

Josechu por enfadado que pueda encontrarse, jamás podrá cambiar el hecho de que su mujer se pegara un gustazo de aúpa con su vecino. Lo que sí puede hacer el hombre es ver las cosas desde arriba, como si ya no estuviera y quizás encuentre la razón de lo sucedido, pues tal que no trabaja como es debido, que no atiende la tienda, que se queda muy pronto dormido, que piensa que solo él era y así no ha sido o, simplemente descubra que su mujer no era suya... Sin duda, Josechu pronto caerá en la cuenta de que todo pasó porque así tenía que haber sucedido... Otra cosa será la esposa del vecino, la cual fuera de sí estará ¡claro!, pero por el comportamiento de su compañero cretino, que acabará por pagar las consecuencias todas del mal actuar de Josechu su vecino... Mientras tanto Liza sollozando por el apuro y la cachada pero, que le quiten lo bailado, pillina, ¡hay que ver como se ha divertido!... ¿Tú que dices, Mauro?

Baldo.
47. RGPI 03/2010/530

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