28 septiembre 2007

¡Nada que hacer!

Ayer otro intensivo de trabajo. Si algo se echa realmente de menos es no poder empezar ya, con lo habitual. Tu talento se manifiesta en el trabajo, en las conversaciones con propios y ajenos y sobretodo en las relaciones sociales, ¡hay que ver como has dominado la situación!. Otra cosa, la paciencia que has tenido y estás teniendo, en espera de que la situación se regularice, cuando menos debe llamarse grandeza, pero lo que nada ni nadie puede quitarte es la calidad y tu clase, esa que no se hace, ¡se nace!

Bruño, lenguado, cordero, albariño, Ribera del Duero y cuajada.

Tarde ordenada y plácida, agradable llamada.

Noche fuerte, la luna estaba enorme y con su luz iluminó las verdades, esas que no causan sorpresa porque ya eran de esperar. Pero tras aquello, la decepción, una inesperada contradicción que de pronto lo deja todo en blanco, nulo, sin percepción... ¡Las cosas de la luna llena!... Llamativa la vuelta, el trayecto se hizo interminable, venían a golpe los recuerdos, a veces en orden, otras mezclados. No sintió la brisa, tan solo centró en su mente aquella última imagen, que algún día cobrará vida plasmándose en un lienzo o adoptando facticio relieve, como símbolo de lo que no debe ser, como envoltorio de lo más bello que le ha ocurrido en mucho tiempo, como continente ruin de un noble y pleno contenido... Un fuerte deseo de llegar a casa, inmerso en aquella vesania incontrolable, buscando la protección del nido, las enormes ganas de meterse en el refugio para permanecer escondido...

¡Nada que hacer!

Baldo
48. RGPI 03/2010/530

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