06 septiembre 2007

¡Hola amiga!, ¿cómo estás?

Empezó por la palabra y fue la palabra la que consolidó una amistad. Pronto hará cuatro años y mantienes tu lealtad, pase lo que pase, haga lo que yo haga, puntualmente ahí estás.

¿A dónde podemos llegar?, ¿te lo has planteado?, ¿quieres hablar?...

En un mundo lleno de vacíos y tonterías, es un lujo dejar escapar una amistad. Hoy he reflexionado profundamente en ello, pienso que he estado ciego, ¡lo siento!. ¡Yo si quiero hablar!... quiero decirte gracias por estar, gracias por callar, gracias por esperar. No eres amiga de los agradecimientos, sí, ...los amigos no piden perdón, no dicen lo siento y las gracias no deben dar... ..."menos cielo y más pies en el suelo"..., bien, estoy de acuerdo. Pero yo sí lo hago, porque si no lo hiciera no te podría mirar...

Me he vuelto a poner con tu cuadro, lo había arrinconado, sin ganas de pintar. Te debo un montón de tiempo, de tu tiempo, aquel no mío sino tuyo, del que tú jamás te niegas a dar.

¿Por qué esta efusividad amistosa? Verás, he llevado en los morros, como tú muy bien dices: "para que aprendas de verdad, en los morros has de llevar"; y yo he llevado bien llevado, me he percatado de pronto en tan sólo cuestión de horas, viendo un par de detalles, que he estado metido entre gente vacía, sin sentido, pendiente de lo suyo, que da importancia a memeces y que no tiene los pies en la realidad. ¡Esa vehemencia tuya...!, seguro que lo estás diciendo.

De no existir la amistad, yo no tendría ahora donde llamar, ¡porque tengo!, ¿no?

¡Hola amiga!, ¿cómo estás?

Baldo
26. RGPI 03/2010/530

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