07 enero 2013

A veces me dan ganas de coger una maleta

A veces me dan ganas de coger una maleta, llenarla de cosas y tras cerrarla, sentarme en la escalera y soñar que me voy, que he cogido un barco que me lleva a Venezuela...

Lo hice, ¡sí, lo hice! Tenía pocos años... Hoy con muchos más, ya madurito, sueño igualmente y me dan ganas de viajar, justo desde aquella escalera, juntarme con aquellos que quieran avanzar unos pocos pasos y medrar. Imaginar día tras día otra realidad, llegar a puerto, abrazar a gente que ha decidido dejar de sufrir, aquellos que disponen del ingenio para idealizar un escenario en el que no existe el sufrimiento, porque así saben que, padecer, es solo una ilusión, algo inventado para hacernos creer en la felicidad.

Es así, ¿no?

Hasta el olor a mar llega a la escalera, es tan intensa la realidad que parece ficción, estoy viendo al perro Lor, dormitando en el descansillo, justo al lado, se vislumbra la cubierta de este enorme trasatlántico que nos lleva a ultramar. No hay clases, con razón, nadie padece...

¿A dónde vas chaval, con todo el equipaje? -Me voy a Venezuela, estoy tomando el barco, las olas levantan frío, parece que huele a viento, nos besa la humedad, estamos naciendo.

Placentero viaje al lugar del ingenio y la verdad... Sin pensar en el regreso, todo es ida, sin límites, aroma a sal, espuma, movimiento...

Baldo




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